19 de octubre de 2017

Pero... ¿qué es educar?

Definir "educación" quizás no haya sido tan complicado, pero ¿qué es educar?

Si buscamos esa definición en el diccionario, enseguida nos encontramos con sinónimos como instruir, formar, aleccionar, adoctrinar..., y seguramente, si lo pensamos, nos vendrían a la mente muchas otras palabras que, de forma coloquial, todos relacionamos con la educación que quizás tengan muy poco que ver con ella.

¿Qué es adoctrinar?
Parece que el término encierra en sí mismo una connotación negativa, ¿verdad? Si pensamos en el sentido de esta palabra, podemos percibir el concepto de imposición al que se le asocia. Adoctrinar "implica enseñar una creencia o doctrina (casi siempre de carácter radical) a una o varias personas con la intención de ganar adeptos". En mi opinión, por lo tanto, adoctrinar no debería aparecer como un sinónimo de educar, pues la educación implica respetar la libertad del individuo y su derecho de autonomía.
El concepto de adoctrinamiento en la escuela ha sido muy mencionado en las últimas décadas. ¿Están siendo los niños manipulados en su aprendizaje? ¿El sistema educativo es realmente respetuoso con su derecho a la libertad? Quizá lo primero que pensemos cuando alguien habla de adoctrinamiento sea en el concepto religioso. No hace falta ir tan lejos. La sola disposición de las aulas, con todos los niños sentados en fila, atentos a la pizarra, ya me parece un método de adoctrinamiento, pues limita el contacto con el entorno y centra la mente del alumno en lo que el profesor (o el libro de texto) quieran transmitir.

¿Qué es condicionar?
En el ámbito de la educación, el condicionamiento se basa en que el niño asocie una acción con un refuerzo negativo o positivo. De este modo, a base de repetir esa asociación, el niño establecerá una relación y, a partir de ahí, modificará su comportamiento conforme los resultados que obtenga.
¿Se podría decir, por lo tanto, que el condicionamiento viole el derecho a la libertad del individuo?
Todo depende de la situación en la que se emplee este método. Si el condicionamiento es empleado con un niño que aún no tiene capacidad de razonar, no se consideraría que está violando su libertad, pues necesita estímulos y respuestas simples para poder establecer las bases de su conocimiento.

Entonces... ¿qué es educar?
Educar hace referencia al concepto mediante el cual el niño adquiere unos conocimientos que le son útiles en su formación y en su desarrollo físico y personal. Estos conocimientos han podido proceder del medio que le rodea o de sus relaciones sociales. Aprendemos y evolucionamos cada día, independientemente de la intención que encierren las distintas enseñanzas.



12 de octubre de 2017

Términos de "Educación"


Definir un término tan amplio y ambiguo como lo es "educación" no es una tarea fácil. Sin embargo, si meditamos en el sentido e intención de esta palabra, podremos elaborar una descripción más o menos sencilla: La educación es el camino hacia la madurez, hacia la libertad y el conocimiento, educación es conocernos a nosotros mismos, aprender a perderse y encontrarse por el camino; es la emoción tras la frustración y la magia de seguir siendo niños. Aprender a enseñar y enseñar mientras aprendemos, eso es educación.

8 de octubre de 2017

¿Por qué ser maestra?

Creo que siempre quise ser profesora, aunque no fui consciente de ello hasta que terminé el Instituto y tuve que escoger la carrera que haría después de Selectividad. Durante los últimos meses de Bachillerato deambulé entre la opción de estudiar Derecho, como mi madre; Psicología, porque se me daba muy bien; o Lengua y literatura, porque siempre había querido ser escritora —al menos por aquel entonces tenía algo en claro—. Pero nada me llamaba realmente la atención, y si me comprometía a sacar una carrera siempre era con la idea de enfocarlo a la infancia. Al final hablé con mi madre, que siempre supo conocerme mejor que yo, y le pregunté. «Magisterio o Pedagogía. No te equivoques, Virginia; lo tuyo son los niños», me dijo. Magisterio, ¿por qué no? La mayor parte de mis familiares eran o habían estudiado para ser maestros, hasta mi abuelo fue director en el centro donde estudié de niña.
Por fin terminé mi último año de Bachillerato y me preparé la Selectividad para cursar Educación Primaria en Madrid. El comienzo del primer curso me encantó; por primera vez veía materializados en tediosos apuntes e infinitas diapositivas todas la experiencias que había ido observando en mis propios maestros.
Al tiempo que estudiaba encontré un trabajo durante el periodo de vacaciones como monitora de ocio y tiempo libre, donde, casualmente, coincidí con algunos niños con altas capacidades. Enseguida decidí que quería especializarme para dar clase a niños así. No descarto a ningún otro alumno ni los excluyo, por supuesto, pero el mundo de las AACC, sus pros y sus contras, me cautivaron desde el principio. Así es que, al comenzar el segundo semestre de mi primer y único curso en esa universidad, me acerqué a mi profesora y le pedí información para especializarme en Altas Capacidades. Ella se sonrió, me miró de arriba abajo y me dijo que eso, y cito literalmente, «no existía».
Después de esa dolorosa revelación entré en un bucle que me estuvo atormentando durante todo el verano. Si no existe, ¿qué voy a hacer? Yo no quería dar clase como veía que otros profesores hacían: niños sentados en sillas analizando frases y formulas matemáticas infinitas a las que todavía no encuentro sentido.
Las asignaturas del segundo semestre me parecieron aún más aburridas: exposición de diapositivas, apuntes basados en los titulares sobre datos económicos, demográficos o deportivos; raro era el profesor que demostraba tener algo de entusiasmo en su asignatura. El panorama de la educación que nos transmitían, que aún siguen transmitiendo, era muy diferente al que yo quería aspirar. Así es que me detuve un día, un día en que me levanté con espíritu revolucionario, y dejé la carrera. Si no podía ser la profesora que yo quería ser, mejor sería no serlo.
Comencé a estudiar Lengua y literatura a distancia, por aquello de que siempre había querido ser escritora y eso era lo que realmente me hacía feliz. Me centré en escribir cada día, leer todo lo que pudiera y observar desde la barrera el mundo de la educación.
Colonias urbanas de Móstoles, (julio 2017) durante la visita del Alcalde de Móstoles.
Fuente, Ayuntamiento de Móstoles
Seguí trabajando como monitora en colegios y campamentos durante un par de años, porque necesitaba hacer algo que se me diera bien, hasta que me levanté un día con la sensación de que estaba perdiendo el tiempo. No dejaba de pensar en cómo jugaba con mi hermana a "las profes" cuando éramos pequeñas y cuánto disfrutaba ayudándole con esos deberes que tanto le costaban, la satisfacción personal que me dio enseñarle a mis niños de tres años del comedor a abrocharse el baby por sí mismos, o en la súper maqueta del ADN que hice con los chavales del campamento. Se me encogía el estómago cada vez que me llamaban "profe". ¿Por qué debía renunciar a todo eso?
Pensé que mis padres se iban a enfadar o que lo achacarían a las notas tan bajas que estaba sacando en la UNED, pero se emocionaron bastante cuando les dije que quería retomar Magisterio y continuar con Literatura después. Reaccionaron casi como si lo hubiesen estado esperando desde hacía mucho tiempo. Así es que me decidí a hablar con mis tías, ambas maestras, para que me orientaran a la hora de escoger Educación Infantil o Primaria, cuando descubrí que habían abierto el Doble Grado en Escuni, y me lancé.

6 de octubre de 2017

Las altas capacidades en el aula


Actualmente, el panorama educativo que se presenta en el aula mantiene unos valores estándares que no representan ni satisfacen la educación individualizada.

Si partimos de la evidencia de que todos los alumnos, con sus particularidades personales y sociales, son diferentes entre sí y que, por lo tanto, requieren una atención distinta, llegamos enseguida a la conclusión de que el sistema educativo, tal y como está planteado, no logra ajustarse a las necesidades educativas de los niños.

Es posible que algunos alumnos, debido a sus características curriculares, no alcancen el nivel mínimo para seguir la clase al ritmo de sus compañeros; otros se quedarán atrás por sus características físicas, psicológicas o incluso sociales. La gran mayoría de ellos, sin embargo, se verá introducida en un sistema de enseñanza que no cumple con las exigencias que su creatividad, curiosidad e interés demandan. Tal y como expone Yolanda Cartón al comienzo de su artículo "Alumnos con altas capacidades", incluido en el número 252 de la revista pedagógica Padres y Maestros (año, 2000); a diferencia de lo que la mayoría de la población considera —entre ellos un gran porcentaje de la comunidad educativa—, los alumnos con altas capacidades no son excepcionales por el hecho de ser autónomos en su aprendizaje, sino por poseer unas características intelectuales y creativas por encima de la media. Para conocer las aptitudes de estos niños, existe lo que comúnmente se conoce como Índice de Coeficiente Intelectual (CI), establecido a partir de una serie de test baremables. Estos test buscan medir y cuantificar los resultados escogidos a fin de calcular una media del CI. En España se establece que un coeficiente igual o superior a 130 hace referencia a un individuo con altas capacidades, mientras que un coeficiente en torno a los 120 puntos representaría la media.

Partiendo de la observación que Yolanda Cartón resalta a lo largo de su artículo, de que los niños con altas capacidades, en la mayoría de los casos, presentan signos de apatía, desinterés o bajo rendimiento en los estudios; me lleva a reflexionar en el grave error que estamos cometiendo a la hora de mantener, como base en nuestro sistema, una educación que en la práctica no es inclusiva.
El docente debe estar capacitado para atender las necesidades de todos sus alumnos, incluso las de aquellos cuya curiosidad intelectual no se satisface fácilmente. No soy partidaria de segregar a los alumnos en distintas aulas, o incluso centros partiendo de sus características intelectuales y psicológicas, pues considero que lo más importante dentro del panorama educativo es la convivencia; y un entorno escolar donde el alumno solo se relaciona con niños de características similares no representa, en ningún caso, la realidad que los envuelve.

Es probable el problema que se observa a partir de estos datos no se solvente con un especialista de apoyo en el horario escolar, ni con academias o talleres extracurriculares. Quizás el problema y los obstáculos que tantas familias perciben en sus hijos con características especiales radica en el sistema educativo funcional. No es posible sostener un aula con más de treinta alumnos cuando tu intención como maestro es atender personalmente las particularidades de cada uno.

Si de verdad queremos establecer un sistema de enseñanza digno de nuestros alumnos, nuestro futuro, deberíamos comenzar por erradicar la presencia aglomerada en las aulas, limitando el número de alumnos según las necesidades generales que presenten, y sustituir el modelo educativo que tenemos por uno algo más apropiado para el siglo XXI.


Para tener una visión más específica sobre el sistema educativo planteado en España, os invito a visualizar este vídeo: Cambiando los paradigmas Ken Robinson